«José Luis tenía las agallas de acero», le describe Arturo Pérez-Reverte

La tarea de José Luis, observador del helicóptero, se centraba en comprobar e interpretar la pantalla del visor térmico.

 

Así, los agentes pueden sorprender desde las alturas a los delincuentes y pillarles con el calzón bajado, de modo que la intervención imposibilite una futura y más que segura tentativa de huida. Sin embargo, José Luis era más que los ojos del pájaro. El texto publicado por Pérez-Reverte en El País Semanal hace ahora 19 años en el que aparece José Luis, radiografiaba su figura. «Lo he visto tirarse a las gomas a oscuras, volando a cincuenta nudos sobre el mar, y liarse a hostias con los malos hasta que paraban, o sacar a emigrantes de una patera volcada que se estaban ahogando, y hacerlo con una mar infernal, en la oscuridad. También cuenta unos chistes estupendos».

 

 

«José Luis tenía las agallas de acero», le describe Arturo Pérez-Reverte. El escritor cartagenero conocía de primera mano cómo se las gastaba el malogrado. Pérez-Reverte había acompañado a José Luis en muchas de esas noches en las que el pájaro desde el que observaba salía a truncar los planes del narco. Noches de tormenta, viento y oleaje que no amedrantaban ni un ápice la labor de vigilancia aduanera a la que José Luis ha entregado su vida.

«El amor a su trabajo, el compromiso con lo que hacía y la convicción profunda de la necesidad de luchar contra esta lacra del narcotráfico han sido un elemento prioritario en su biografía». Estas palabras en boca de la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, transmitidas por la viuda de José Luis Domínguez Iborra, ponen de relieve la figura del héroe que falleció anoche con 61 años en un accidente de helicóptero a la caza del narco en la provincia de Cádiz, tal y como hacía desde hace 40 años. Una proeza que se convierte en rutina para los agentes que combaten día y noche en el Campo de Gibraltar «para que el Estrecho no se convierta en Sinaloa».

La tarea de José Luis, observador del helicóptero, se centraba en comprobar e interpretar la pantalla del visor térmico. Así, los agentes pueden sorprender desde las alturas a los delincuentes y pillarles con el calzón bajado, de modo que la intervención imposibilite una futura y más que segura tentativa de huida. Sin embargo, José Luis era más que los ojos del pájaro. El texto publicado por Pérez-Reverte en El País Semanal hace ahora 19 años en el que aparece José Luis, radiografiaba su figura. «Lo he visto tirarse a las gomas a oscuras, volando a cincuenta nudos sobre el mar, y liarse a hostias con los malos hasta que paraban, o sacar a emigrantes de una patera volcada que se estaban ahogando, y hacerlo con una mar infernal, en la oscuridad. También cuenta unos chistes estupendos».

La situación en El Estrecho ha cambiado drásticamente desde que José Luis iniciara su andadura en la profesión hasta su trágica muerte. En el reportaje Cazadores del Estrecho del mismo Pérez-Reverte para TVE filmado a mediados de los 80, los compañeros de vuelo de José Luis hablaban de una relación de respeto entre presa y cazador, entre narcos y aduaneros: «Es su pericia contra la nuestra». Esos códigos no escritos ya no existen. «Los narcos campan a sus anchas», señalaba en conversación con El Independiente Pablo Pérez, portavoz nacional de Justicia Policial (JUPOL), tras una oleada de violencia contra las Fuerzas de Seguridad del Estado basada «en la pérdida del principio de autoridad».

Pérez-Reverte, tras comprobar la guerra que libraban cada noche José Luis y sus compañeros, escribía hace casi 20 años sobre la condición de estos hombres. «También ellos son leyenda aunque no lo sepan (…) Nadie se mete en una planeadora sólo por dinero. Ni loco. Nadie los persigue jugándose la vida sólo por sentido del deber. Ni borracho. Hay algo personal en todo esto. Reglas propias, códigos íntimos de cada cual».

El observador se mantenía al pie del cañón, por encima del riesgo que implicaba cada una de sus salidas, pero no ajeno a él. «Vi a José Luis muchas veces en acción. Era un buen hombre y un valiente», zanja Pérez-Reverte en sus redes. La pérdida de José Luis ha sido muy lamentada tanto desde el propio Servicio de Vigilancia Aduanera (SVA) al que pertenecía, como desde Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) y por el Gobierno, al que este tipo de instituciones reclaman desde hace tiempo la consideración de la provincia de Cádiz como zona de especial singularidad.

Esto supondría más medios, más dinero y más personal para un área en la que el narco salpica a todos, en ocasiones, de manera irreversible.

 

Esta tarde en Algeciras, en el homenaje al último héroe caído en la lucha contra el narcotráfico. Los agentes de Vigilancia Aduanera cuentan con todo nuestro apoyo y respaldo, sin medias tintas.