Tigray: una mirada a la crisis desde ambos lados de la frontera entre Sudán y Etiopía

Casi 100.000 refugiados en la región etíope de Tigray se quedan sin comida

 «Los primeros días recibimos sobre todo a soldados; todos muy jóvenes. Luego llegaron los primeros camiones con civiles. Iban apiñados en la parte trasera de los vehículos»
Cientos de refugiados en el campamento de Hamdayet (Sudán), en noviembre de 2020.OLIVIER JOBARDMYOP

En Médicos Sin Fronteras contamos desde hace años con varios proyectos en la región de Amhara, cuyos límites están muy cerca de Humera, ciudad estratégica que está situada en la parte occidental de Tigray y que se vio muy afectada durante los primeros días de combates. Uno de esos proyectos se encuentra en la remota localidad de Midre Genet, donde nuestros equipos brindan apoyo al centro de salud local.

«Cuando el pasado 5 de noviembre comenzó la escalada militar en Tigray, escuchamos el lanzamiento de misiles y el ruido de artillería pesada durante toda la mañana», me explicaba Sara*, que hasta hace pocos días era nuestra técnica de laboratorio en Midre Genet. «Ese mismo día recibimos a los primeros heridos. Llegaron muchísimos y todos al mismo tiempo. Los primeros dos días recibimos sobre todo a soldados; todos muy jóvenes. Luego llegaron los primeros camiones con civiles. Iban apiñados en la parte trasera de los vehículos».

En tan solo unas horas, nuestro equipo pasó de estar centrado en las actividades normales que llevamos normalmente a cabo a tener que cambiar el chip y comenzar rápidamente a proporcionar asistencia médica de urgencia a los heridos de guerra. Tal y como dice Sara, la afluencia de heridos fue enorme: una semana después del inicio de los combates, mis compañeros de MSF y los trabajadores del Ministerio de Salud ya habían tratado a un total de 265 personas, muchas de ellas con heridas graves. 18 personas murieron en el centro de salud, de camino al mismo o siendo trasladadas a otros hospitales.

Lo que vivieron algunos compañeros durante esos primeros días de enfrentamientos, causó un gran impacto psicológico en su salud mental. «La sensación, sobre todo, era de tristeza y desesperación», me contaba Sara.

Vieron llegar a muchos soldados y civiles gravemente heridos; algunos muertos. Y tuvieron que tomar decisiones muy difíciles, apostando por las personas que tenían más posibilidades de sobrevivir y dejando a un lado a los demás. Y por otro lado, está la visión de toda esa sangre, de tanto sufrimiento y de esas heridas tan graves. Todas esas cosas suelen dejar secuelas a nivel psicológico.

Para nuestros colegas etíopes, la situación resulta más difícil aún. Además de haber vivido esos días de tensión, están preocupados por su futuro y por el de su país. Algunos tienen familiares y seres queridos que permanecieron en Tigray y durante todo este tiempo no han tenido noticias de ellos. Se ha producido un apagón total de las comunicaciones y es difícil saber cómo está la gente que sigue allí dentro.

Es duro. Muchos de los que han sido mis compañeros durante años, desaparecieron de un día para otro. Huyeron a otras ciudades o países vecinos sin previo aviso y no sabemos nada de ellos. Todos los días, nuestros compañeros etíopes ven y atienden a todas estas personas que antes eran sus vecinos y que ahora se encuentran viviendo en pequeños asentamientos, apiñados y en muy malas condiciones. Eso no es fácil de digerir.

En cualquier caso, tras esa primera semana, los enfrentamientos se trasladaron a otras partes de la región de Tigray y nuestro equipo se pudo centrar en ofrecer apoyo a los desplazados internos que había en la región; tanto en las zonas fronterizas de Amhara con Tigray como en el interior la parte occidental de Tigray. Allí les estamos prestando servicios médicos, hacemos suministro de agua, distribuimos productos de saneamiento e higiene y hemos construido letrinas de emergencia. También hemos hecho donaciones de productos médicos y medicamentos a varias instalaciones médicas de la parte occidental de Tigray.

Además de esto, también hemos ofrecido formación a más de 70 trabajadores médicos y no médicos en las estructuras médicas de ciudad de Alamata, en la región sur de Tigray. Desde Alamata, uno de nuestros equipos de emergencia evaluó las necesidades médicas en algunos lugares del sur de Tigray, mientras que otro equipo llegó a áreas al norte de la ciudad de Addi Arkay, que se encuentra en el lado de Amhara de la frontera. Ambos están listos para iniciar actividades médicas lo antes posible.

Refugiados etíopes en el campamento Um Rakuba, en Sudán.THOMAS DWORZAKMAGNUM PHOTOS

Llegué a Um Rakuba a mediados del pasado mes de noviembre. Recuerdo que por aquel entonces las personas llegaban al campo en grandes grupos. Aún hoy sigue viniendo mucha gente: ancianos, niños, niños pequeños y mujeres embarazadas, aunque la mayoría son jóvenes de entre 15 y 25 años.

Cuando les preguntas, te hablan de lo repentino e impactante que fue su salida de Etiopía. Cuentan que se sentían aterrorizados a causa del estallido de los combates. Todos, de un momento a otro, pasaron de estar tranquilamente en sus casas a verse de camino hacia a Sudán para intentar ponerse a salvo.

No tuvieron tiempo de pensar en nada. Huyeron lo más rápidamente posible y ni siquiera tuvieron la oportunidad de recoger sus cosechas, de coger alimentos o de sacar algo de dinero en efectivo del banco. La mayoría llegó solamente con la ropa que llevaba puesta y todavía no saben qué ha sido de todo lo que dejaron atrás.

Viajaron durante días para llegar aquí y pasaron por muchas dificultades durante el trayecto. Los lugares de donde provienen están situados en un área montañosa, con muchas colinas, y hay que atravesar varios ríos para continuar el camino. Algunos llegaron en tractores, pero la mayoría hizo todo el camino a pie.

A lo largo de los casi dos meses que dura la crisis, ya han llegado unos 52.000 refugiados desde Etiopía a Sudán. Los principales puntos de entrada son Hamdayet, en el estado de Kassala, y el Village No 8, en el estado de Gedaref. Desde allí, muchos pasan a ser reubicados en este campamento de Um Rakuba.

Nuestra clínica dentro del campo abrió el 16 de noviembre. Los primeros casos que atendimos se debían a la fatiga generalizada que sufría la gente, además de las consecuencias provocadas por el repentino cambio de clima, por la falta de una alimentación adecuada y por la ausencia de unas condiciones de vida básicas.

En las primeras semanas, fue difícil hacer frente a la cantidad de personas que acudían a nuestra consulta. La situación era complicada y muchos acabaron pagando las consecuencias: escasez de agua y de alimentos, falta de refugios adecuados y dificultades para poder mantener una mínima higiene. La fatal de letrinas hizo que la gente se viese obligada a defecar al aire libre.

Poco a poco las cosas han ido mejorando, pero las condiciones de vida de todas estas personas siguen siendo complicadas. Necesitan más refugios, agua, alimentos, artículos de primera necesidad y mejoras urgentes en el saneamiento del campo. El agua se transporta en camiones hasta el campamento y se almacena en grandes tanques. Los alimentos son distribuidos por el Programa Mundial de Alimentos, ya sea como comidas preparadas o como raciones que las personas pueden cocinar por sí mismas. Y se han distribuido algunos artículos de primera necesidad, pero no los suficientes para todos.

La capacidad inicial de este campo era de 6.000 personas. Se ha ido ampliando gradualmente y en este momento se está construyendo una nueva extensión, lo que significa que habrá capacidad para unas 30.000 personas. Ahora mismo hay unas 18.000 personas, lo cual empieza a ser un número considerable. Algunos se alojan en refugios improvisados construidos con ramas, hojas y madera; otros están en tiendas de campaña y otros en grandes carpas que albergan a varias familias juntas.

Refugiados en el campamento de Hamdayet (Sudán), en noviembre de 2020.OLIVIER JOBARDMYOP

Aquí también acaba de comenzar el invierno. Y aunque durante el día no hace mucho frío, por las noches la temperatura baja. Por eso es necesario que se proporcione una mejor protección a los refugiados frente al clima.

En nuestra clínica hacemos todo lo posible para abordar las necesidades de salud de todas estas personas. Nuestro equipo médico brinda atención médica general, salud sexual y reproductiva, atención prenatal y ofrece partos seguros. Nuestro objetivo pasa por tratar de cubrir todo el paquete de atención primaria de salud y para ello contamos con enfermeras, médicos y parteras y con una decena de trabajadores internacionales de la organización, aunque la mayor parte de nuestro equipo médico está compuesto por personal local y por los propios refugiados, que se han incorporado a nuestra estructura.

También realizamos derivaciones, transportando mujeres embarazadas con complicaciones y pacientes críticos a hospitales de Gedaref Dokka. Estas derivaciones pueden llegar a convertirse en un auténtico desafío cuando se llevan a cabo desde el Village 8, ya que el viaje al hospital implica cruzar un río y el ferry a menudo se rompe. A veces hay que esperar un día entero hasta que lo reparan, lo cual resulta verdaderamente frustrante cuando el paciente al que llevas se encuentra en una situación especialmente delicada.

Además de la atención médica, estamos colaborando también en las actividades de agua y saneamiento, llevando a cabo el transporte de agua hasta el campo, clorándola y proporcionando tanques para almacenarla. También estamos construyendo letrinas y puntos de lavado de manos en todo el campo para evitar que la gente tenga que seguir defecando al aire libre, ya que eso podría acabar trayendo serias consecuencias sanitarias.

Sabemos que en las próximas semanas, el número de personas que se trasladarán aquí desde Hamdayet será grande y las organizaciones humanitarias tendrán que hacer un gran esfuerzo para poder cubrir sus necesidades básicas. O se pone todo el mundo en marcha de inmediato para aumentar la cantidad de servicios, o esto será un desastre.

Solo para que os hagáis una idea de cómo están las cosas allí: actualmente, entre la zona de tránsito y la zona fronteriza de Hamdayet hay unas 20.000 personas. Allí hay también graves problemas en cuanto al acceso a refugio, alimentos, saneamiento y agua potable. La mayoría de los refugiados viven en la aldea junto a la comunidad de acogida, mientras que otros viven cerca del mercado, buscando refugio en casas y tiendas abandonadas.

Nuestros equipos están presentes en los cruces fronterizos y centros de tránsito en Hamdayet y en la aldea de Hashaba. Prestamos atención médica, hacemos promoción de la salud, ofrecemos servicios de salud mental, llevamos a cabo exámenes nutricionales para los recién llegados y hemos puesto en marcha actividades de agua y saneamiento. Nuestra clínica en Hamdayet abrió a mediados de noviembre y actualmente pasamos unas 300 consultas por día, donde estamos atendiendo sobre todo casos de infección respiratoria y diarreas.

Casi 100.000 refugiados en la región etíope de Tigray se quedan sin comida

Los etíopes, que huyeron del conflicto de Tigray en Etiopía como refugiados, esperan la distribución de alimentos frente a un almacén del campamento de refugiados de Um Raquba en Gedaref, Sudán oriental, el 1 de diciembre de 2020. Más de 45.000 personas han escapado del norte de Etiopía desde el 4 de noviembre, después de que el primer ministro Abiy Ahmed ordenara operaciones militares contra los líderes del partido gobernante de Tigray en respuesta a sus supuestos ataques a los campamentos del ejército federal.
Los etíopes, que huyeron del conflicto de Tigray en Etiopía como refugiados, esperan la distribución de alimentos frente a un almacén del campamento de refugiados de Um Raquba en Gedaref, Sudán oriental, el 1 de diciembre de 2020. Más de 45.000 personas han escapado del norte de Etiopía desde el 4 de noviembre, después de que el primer ministro Abiy Ahmed ordenara operaciones militares contra los líderes del partido gobernante de Tigray en respuesta a sus supuestos ataques a los campamentos del ejército federal. © Yasuyoshi CHIBA / AFP

La situación de los refugiados del Tigray es crítica: su número ya asciende a 96.000 y, según informó la ONU, sus reservas de alimentos se están acabando, por lo que necesitan ayuda urgente. Este miércoles se cumple un mes desde el inicio del conflicto que enfrenta al Ejército de Etiopía y a los rebeldes del Frente Popular de Liberación de Tigray (FPLT), causante del desplazamiento masivo de personas.

La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) pidió acceso urgente a alimentos y otros suministros para los refugiados de la zona de Tigray, ya que el campamento de desplazados se está quedando sin reservas al cumplirse un mes desde el inicio del conflicto.

La situación es tan preocupante que ni la ayuda humanitaria puede acceder a las personas refugiadas debido a las restricciones del Gobierno. De hecho, el portavoz de ACNUR, Babar Baloch, dijo durante una rueda de prensa en Ginebra que el personal de su organización no había podido acudir a los campos en los que está la población afectada desde principios de noviembre.  

“Las preocupaciones crecen cada hora”, dijo Baloch este martes 1 de diciembre, apelando a las autoridades federales de Etiopía para que permitan el acceso a los funcionarios de la ONU. El portavoz añadió que la falta de alimentos “hace que el hambre y la desnutrición sean un peligro real”.

También expresó su preocupación por los ataques, combates, raptos y reclutamientos forzosos cerca de los campos de refugiados. No obstante, apuntó que ACNUR no ha podido definir si dichas acciones fueron perpetradas por el Gobierno de Abiy Ahmed o por los rebeldes. “Es difícil saber quién está haciendo qué y por eso necesitamos tener acceso a la región, hay muchos rumores”, dijo el portavoz de la ONU.

 

Un mes desde el inicio del caos

Este miércoles 2 de diciembre se cumplirá un mes desde que el primer ministro etíope, Abiy Ahmed, anunció que habían estallado combates en la región de Tigray entre las fuerzas federales y las regionales, controladas por el Frente Popular de Liberación de Tigray (FPLT).

El inicio de las tensiones entre Ahmed y los insurgentes se remonta a las elecciones celebras durante la pandemia, votación que causó que cada frente reconozca al otro como ilegítimo.

El dirigente compareció el sábado 28 de noviembre ante el Parlamento de Etiopía y aseguró que su Gobierno tenía “el control total de Mekele” y que con ello había finalizado la última fase de la ofensiva, pero tras ese anuncio la prensa de la región registró nuevos ataques, por lo que no se pudo establecer si el conflicto se daba o no por terminado.

Abiy, ganador del Premio Nobel de la Paz el año pasado, se negó a la idea de establecer diálogo con los líderes regionales de Tigray y cortó la red de suministros y medicinas a la región, de más de 6 millones de habitantes, con el estallido de los enfrentamientos.

“Es mejor para ellos ahora que se rindan porque los estamos vigilando y somos conscientes de sus movimientos todos los días. No quieren rendirse y siguen desestabilizando la región”, argumentó el mandatario.

Muchos no han visto más alternativa que huir al país vecino, Sudán, por lo que ACNUR registra ya la llegada de 46.000 desplazados de la zona desde que comenzara el conflicto. Esta llegada masiva peligra con saturar la capacidad de acogida de Sudán.

La ONU ha dicho que unos dos millones de personas en Tigray necesitan asistencia humanitaria –duplicando la cifra previa al combate– y que alrededor de un millón de personas están desplazadas, además de los ya contabilizadas en Sudán.